miércoles, 23 de abril de 2008

PLAZA BLANCA - FINAL

Siguió hacia aquella mancha blanca que la luna continuaba, inmutable, reflejando, fue desapareciendo poco a poco de la vista de Pite que, asustado, ladraba cada vez mas fuerte y corría chapoteando en el agua, ella, por un momento recordó aquella canción que tanto le gustaba cuando la cantaba Mercedes Sosa, Alfonsina y el mar…”te vas Alfonsina con tu soledad…..” y sentía el compás del tambor con el que Mercedes siempre se ayudaba en la canción, de pronto escuchó e identificó los ladridos de Pite, y preocupada, dio unas brazadas y subió a la superficie y respiró profundamente, llevaba un rato olvidada de hacerlo.

Pite ya estaba cerca de ella, exhausto y al verla, se hundió un poco, ella se le acercó y cuando le apoyo con sus manos, Pite emitía gemidos de angustia, lo ayudó a acercarse a la orilla y ella comenzó a nadar, a estirar sus músculos y a sentir la caricia del agua y la de sus brazos ejerciendo poderosa fuerza en las brazadas.

Se relajó y dejó flotar su cuerpo un rato, con los ojos abiertos miraba a la luna y comenzó a notar la temperatura de su cuerpo y la de la brisa y el olor a mar y el sabor salado de sus labios.

Se fue acercando a la orilla, Pite seguía allí expectante y echado en la arena cuando ella salió del agua, se pegó, mojado a ella, rozando sus piernas y notando su contacto, sin separarse… tenía miedo.

Ella se acercó a él, se agacho y lo abrazo, la cabeza de Pite reposaba en su hombro y ella ladeo la cabeza para pegarla a la de él. El gemía muy bajito y ella le acariciaba la cabeza consolándolo y le siseaba para tranquilizarlo.

Después, le tiró un palo y él, feliz, corrió tras él.




Ella sonrió y se acercó a la barca, se colocó aquella camisa de franela a la que prometió tirar de inmediato, la camiseta la dejó en el suelo, continuó poniéndose la poca ropa que necesitaba..
Contempló de nuevo la luna que pareció mirarla fijamente un momento y le guiñaba un ojo con complicidad.

Abrió de nuevo los brazos, llamó a Pite y juntos salieron de la arena y se dirigieron a la plaza.

Ella cogió la bolsa, se la colgó resuelta en el hombro derecho, el cartel en la otra mano y desanduvo aquella calle que la condujo a la plaza, la tienda de regalos tenía el escaparate encendido y lucía jabones, caracolas y pendientes de coral, la panadería, bares y puertas cerradas…

Subió los escalones de la plaza larga, aquella de que recorrió una semana antes en sentido inverso, miró el banco en el que había estado sentada contemplando la preciosa puesta de sol y desde allí, sin sentarse, apoyando sólo una rodilla volvió a mirar a la luna, que le pareció más pequeña.



Respiró profundamente, pareció decir algo sin sonido alguno.



Sólo se oyó: Pite, vámonos



Pite, pareció entenderla a la primera y saltó feliz a su lado, daba carreras, volvía a buscarla y saltaba a su lado.

Ella se acercó a un contenedor verde, Se descolgó la bolsa del hombro, buceó dentro de ella y extrajo una pequeña tiza rosa, y las llaves.

Tiró la bolsa en el contenedor y con la manga de su camisa de franela borro la pizarra y antes de apoyarla en el suelo, junto al contenedor, escribió en ella.

Desaparecieron de la plaza y la luna se fue alejando.

Al día siguiente, Marcos leía desde la mano segura de Pilar, el mensaje de la pizarra junto al contenedor.

Lo encontré, a mí.
lola

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso final Lola, gracias por enviarmelo, lo guardaré con mucho cariño.A ver cuando te dejas ver por aquí y nos cuentas que tal te va.Un beso

Anónimo dijo...

me encanta el cuento, veo reflejada a alguien en él y me alegro por esa persona.
yo tambien me siento un poco identificada,pero creo q estoy aun flotando en el agua y mirando a la luna(a mis dos lunas) buscando algunas respuestas, otras ya las encontre y estan llenas de amor y no dejo de vivirlas.
en fin...q es preciosísimo!
Besis lola,eres la leche!!
Marta.

Anónimo dijo...

A mí me ha gustado, mucho. Me alegro que haya llegado el final, y que sea ese final. Te hacía falta llegar Lola. El cuento ha supuesto más de lo que pensabas. No te pongas más metas. Eres grande.
Y tú, Marta, venga fuera ya del agua, que se te van a arrugar las manos. ;)

Besos,

Anónimo dijo...

Ay Lola! Gracias por habernos regalado este cuento tan bonito, tan lleno de sensibilidad, de optimismo.. ha sido todo un gustazo disfrutarlo, a pesar de la tardanza entre las entregas jaja... Quiero más... si escibres otro cuento me encantaría leerlo...

un besazo niñas